Indefectiblemente, el terrorismo fundamentalista deja víctimas por donde quiera que pasa. Ya sea los muertos y heridos que provocan las masacres perpetradas por grupos extremistas o los millones de refugiados que cada día se agolpan para huir de la guerra y la muerte. Pero una cara de la moneda en la que no suelen enfocarse las luces de los medios de comunicación es en los musulmanes radicados en occidente que en la gran mayoría de los casos no tienen nada qué ver con agrupaciones terroristas.

Tras cada atentado que tiene lugar en el mundo se intensifica una ola de islamofobia que siempre termina beneficiando a los grupos extremistas: entre más aisladas y discriminadas se sientan los miembros de esta comunidad religiosa, más propensas serán a escuchar las convocatorias elevadas por los fundamentalistas. 

Por suerte los Musulmanes en España han encontrado un país que los ha tratado de integrar en la medida de lo posible. Cada año el presupuesto destinado a su integración se aumenta, aunque como no puede ser de otra manera en medio de la crisis, modestamente. La gran comunidad marroquí residente en España da cuenta del grado de aceptación que hay en el país hacia otras culturas. Esta tendencia obedece un poco a los recuerdos de su historia.